Al grito multitudinario del Que no, que no, que no tenemos miedo, se manifiestan millones de mujeres en el mundo cada año. Bajo la negación del miedo las mujeres se juntan y marchan buscando defenderse de esa experiencia, el miedo por la amenaza y vulnerabilidad a la que pueden ver expuestos sus cuerpos, los que devienen en el blanco al que se dirige el odio desde el que se está buscando gobernar el mundo.

Freud nos enseñó cómo es en el cuerpo del otro que el ser humano coloca lo que del cuerpo propio rechaza y teme, y como en ese rechazo y en ese miedo anida la impotencia y el odio, elementos que hacen al motor del neofascismo que hoy crece en el mundo.

En España, Vox, partido de ultraderecha neofascista, que pasó recientemente de cero a 12 escaños en el parlamento andaluz, basa su campaña en la derogación de la ley contra la violencia hacia las mujeres y el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo en la sanidad pública… basa su campaña en eliminar derechos de las mujeres sobre sus cuerpos erigiéndose ellos en los que si tendrían su control y dominio.

En Argentina, después de que miles y miles de mujeres consiguieran llevar al Senado la ley por la cual poder decidir cada una sobre la continuidad o no de un embarazo en su cuerpo, no solo fue rechazada la propuesta de ley bajo los argumentos más atroces que podían llegar a escucharse, sino que se dio un paso más al negar tanto el Estado como los médicos de turno, el derecho a dos niñas de 11 años a interrumpir el embarazo, resultado de violaciones, corriendo riesgos la vida de cada una de las niñas y siendo casos en los que la ley “amparaba” sus decisiones. Pero el Estado y los médicos se empecinaron en que transitaran por el horror, acabando los dos casos en cesáreas de urgencias en las que las vidas de las niñas corrieron serios riesgos y los fetos no sobrevivieron…

¿Cómo leer lo que esta pasando? No se trata de El cuento de la criada, esto esta pasando en el mundo que habitamos, y como escribió Freud en El malestar de la cultura citando al dramaturgo alemán Dietrich Grabbe, “…de este mundo no podemos caernos. Estamos definitivamente en él”… ¿entonces, cómo leer?…

Freud mostró que no todo en el ser humano es gobernable ni educable ni curable, algo a-histórico y propiamente humano es refractario a cualquier intento de dominación. Eso no cambia con las épocas, sí los intentos estragantes de dominarlo.

Es el cuerpo del ser hablante, sexuado y mortal el que encarna el imposible de negativizar que hace a la existencia. Son los seres hablantes quienes con sus cuerpos vivos muestran su núcleo incurable e ingobernable.

“Tenemos miedo de nuestro cuerpo”nos dice Lacan en La Tercera, miedo que puede ser negado, a la vez que puede empujar a servir a una causa que prometa su dominación, velando así el real que acontece.

Lacan, en ese mismo texto, nos enseña que son las mujeres las que por ser no todas expresan sumamente bien lo real. Son las mujeres, no todas, las que muestran que en el cuerpo acontece un real ingobernable, y exponen ante la castración a todo aquel que fabrica promesas de control y al que se haya hecho devoto de ellas.

El cuerpo de las mujeres encarna el real que se rechaza y se teme. Rechazo y temor que abona todo totalitarismo, hoy en ascenso, mostrándonos como lejos de una feminización del mundo estamos asistiendo a la creciente violencia que la impotencia causa.

Se atacan los cuerpos de las mujeres, se niega la imposibilidad de dominar su real y la impotencia está servida, empujando al ejercicio férreo de un poder.

Pero sabemos con Lacan que lo real se pone en cruz en la carretera impidiendo que las cosas marchen, tanto para el totalitarismo que se empeña en la gobernanza a cualquier precio como para el propio ser hablante… Una mujer puede buscar dominar lo real del cuerpo y servir así al peor orden, pero también puede llegar a descubrir, y ahí está el para que puede servirle analizarse, que eso que la atraviesa no solo es incurable, sino que es ahí donde puede encontrar su propia manera de hacerse, con lo que se puede, de la vida, de lo vivo. Para eso se impone una ética que tenga en cuenta la dimensión del fracaso de dominio como el mayor de los logros…