Las citas que no te puedes perder…

S. FREUD:

“Cuando desde los embrollos y las urgencias del presente vuelvo la mirada a aquellos años de soledad, quiere parecerme que fue una época hermosa, una época heroica; al splendid isolation no le faltan ventajas ni atractivos. No tenía ninguna bibliografía que leer, ningún oponente mal informado a quien escuchar, no estaba sometido a influencia alguna ni urgido por nada”.
1914 Historia del movimiento psicoanalítico

“Las primeras fobias situacionales de los niños son las fobias a la oscuridad y a la soledad”.
1917 Conferencia XXV: La angustia

“Acerca de la soledad, el silencio y la oscuridad, todo lo que podemos decir es que son efectivamente los factores a los que se anudó la angustia infantil, en la mayoría de los hombres aún no extinguida por completo. La investigación psicoanalítica ha abordado en otro lugar el problema que plantean.
1919 Lo siniestro

“Una soledad buscada, mantenerse alejado de los otros, es la protección más inmediata que uno puede procurarse contra las penas que depare la sociedad de los hombres”.
1930 Malestar en la cultura

J. LACAN:

“Daré un ejemplo casi accesible a una extrapolación vivida, el del personaje aislado en una isla desierta. Robinson Crusoe es, en efecto, uno de los temas del pensamiento moderno, aparecido por vez primera, a mi entender, en Baltasar Gracian. Es un problema psicológico accesible, si no a la imaginación, por lo menos a la experiencia: ¿qué ocurre cuando el sujeto humano vive totalmente sólo? ¿Qué deviene el discurso latente? ¿Al cabo de dos o tres años de soledad, qué ocurre con el orden de vocalización “voy a vender leña”?”
Seminario III, Las psicosis

“Esta forma tiene un sentido completamente diferente al de esta objetivación de interés limitado propiamente psicológico. En la época y en el nivel de Platón, y no solamente en el nivel de Platón, sino que antes que él, esta forma, sphaïros como dice aún Empédocles, cuyos versos el tiempo me impide leerles, sphaïros en masculino es un ser de todos los lados parecido a sí mismo, es de todos lados sin límites: Sphaïros kulkloteres, Sphaïros, que tiene la forma de una bola, ese sphaïros reina en su soledad real colmada por su propia satisfacción, su propia suficiencia. Ese Spherus frecuenta el pensamiento antiguo.”
Seminario VIII, La transferencia

“El sujeto del verbo (je) no es un ser, es un supuesto a lo que habla. Lo que habla, sólo tiene que ver con la soledad, sobre el punto de la relación que no puedo definir sino diciendo, como hice, que no puede escribirse. Ella, la soledad, en ruptura del saber, no sólo puede escribirse, sino que además es lo que se escribe por excelencia, pues es lo que de una ruptura del ser deja huella.

El Uno genera la ciencia. No en el sentido del uno de la medida. En la ciencia, lo importante no es lo que se mide, al contrario de lo que se cree. Lo que distingue la ciencia moderna de la ciencia antigua, la cual se basa en la reciprocidad entre el (escritura en griego) y el mundo, entre lo que piensa y lo que es pensado, es precisamente la función del Uno. Del Uno, en tanto que no está allí, es lícito suponer, sino para representar la soledad: el hecho que el Uno no se anuda verdaderamente con nada de lo que al Otro le parece sexual. Todo lo contrario de la cadena, cuyos Unos están todos hechos de la misma manera, de no ser más que Uno.

Cuando dije: Hay Uno, cuando insistí en eso, cuando verdaderamente pisoteé eso como un elefante todo el tiempo el año pasado, se dan cuenta en qué los estaba metiendo.”
Seminario XX, Aún

“Hay una cosa de Cocteau — porque de cuando en cuando no veo por qué escupiré sobre los escritores, en fin, más bien son menos tontos que los otros;  hay una cosa de Cocteau que se llama el Potomak, donde creó algo de lo que no voy a ponerme a decirles que es, “Los Eugenios”, pero también están allí los “Mortimer”. “Los Mortimer no tienen más que un sólo corazón”, y esto se representa en un dibujito donde tienen un sueño en común. Es alguien del género de … de mi psicoanalista de recién, el que no nombré; entre el analizante y el analista ocurre como entre los Mortimer. No es frecuente ni siquiera entre las personas que se aman, tener el mismo sueño. Esto es muy notable, y prueba la soledad de cada uno con aquello que surge del goce fálico.”
Seminario XXI, Los no incautos yerran

“Fort! Da! Es sin duda ya en su soledad donde el deseo de la cría de hombre se ha convertido en el deseo de otro, de un alter ego que le domina y cuyo objeto de deseo constituye en lo sucesivo su propia pena.

Ya se dirija el niño ahora a un compañero imaginario o real, lo verá obedecer igualmente a la negatividad de su discurso, y puesto que su llamada tiene por efecto hacerle escabullirse, buscará en una intimación desterradora la provocación del retorno que vuelve a llevarlo a su deseo.

Así el símbolo se manifiesta en primer lugar como asesinato de la cosa, y esta muerte constituye en el sujeto la eternización de su deseo.

El primer símbolo en que reconocemos la humanidad en sus vestigios es la sepultura, y el expediente de la muerte se reconoce en toda relación donde el hombre viene a la vida de su historia.

Única vida que perdura y que es verdadera, puesto que se transmite sin perderse en la tradición perpetuada de sujeto a sujeto. ¿Cómo no ver con qué altura trasciende a esa vida heredada por el animal y donde el individuo se desvanece en la especie, puesto que ningún memorial distingue su efímera aparición de la que la reproducirá en la invariabilidad del tipo? En efecto, dejando aparte esas mutaciones hipotéticas del phylum que debe integrar una subjetividad a la que el hombre no se acerca todavía más que desde fuera, nada, sino las experiencias a las que el hombre los asocia, distingue a una rata de la rata, a un cabaIlo del caballo; nada sino ese paso inconsistente de la vida a la muerte; mientras que Empédocles precipitándose al Etna deja para siempre presente en la memoria de los hombres ese acto simbólico de su ser-para-la-muerte

La libertad del hombre se inscribe toda en el triángulo constituyente de la renunciación que impone el deseo del otro por la amenaza de la muerte para el gozo de los frutos, de su servidumbre, del sacrificio consentido de su vida por las razones que dan a la vida humana su medida, y de la renuncia suicida del vencido que frustra de su victoria al amo abandonándolo a su inhumana soledad. Este esquema satisface la circularidad sin fin del proceso diaIéctico que se produce cuando el sujeto realiza su soledad, ya sea en la ambigüedad vital del deseo inmediato, ya sea en la plena asunción de su ser-para-la-muerte.”
“Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”- Escritos I

“Y cómo se asombraría de ello, éI cuya acción, en la soledad donde tiene que responder de su paciente, no incumbe solamente, como suele decirse de un cirujano, a su conciencia, puesto que su técnica le enseña que la palabra misma que ella revela es asunto de un sujeto inconsciente. Así el analista, mejor que cualquier otro, debe saber que no puede ser sino el mismo en sus palabras.”
“Variantes de la cura tipo” – Escritos II