Texto de Guy Briole

La soledad y el lazo es un título que le va perfectamente a la investigación; es como hecho a medida. La paradoja que sostiene Lacan es que los grandes descubridores “no deben nada a su trabajo, sino al de los demás”.*[1] Su talento consistiría en haber atrapado en una contingencia lo que, de piezas sueltas fabricadas por otros, se podría ordenar en un puzzle para hacer con él un saber nuevo.

La soledad

Así, el investigador es siempre un solitario, incluso cuando trabaja en equipo. Lo que sobresale es el nombre del Uno. Y es a él, a su nombre, a quien se atribuye el trabajo de muchos otros.

En una velada del Pase en Barcelona, recordé que en su primer curso en el Collège de France, Cómo vivir juntos,[2] Roland Barthes consideraba que la soledad representa la armonía entre una posición de retiro y el mínimo que se debe conservar de la relación con los demás: ni invadido, ni abandonado.

Barthes quería mantenerse apartado de las contingencias del saber, de las exigencias, de la exhaustividad, del “superyó teórico”, y a partir de esta posición se sentía capacitado para avanzar en sus investigaciones, en su escritura.[3]

He aquí un punto que debería interesar al psicoanalista investigador, porque es lo que abre la posibilidad de un saber nuevo.

La investigación en psicoanálisis

Globalmente, se puede decir que la investigación en psicoanálisis gira en torno a tres ejes: lo que cada uno ha aprendido en un análisis sobre el funcionamiento de su inconsciente, lo que los analizantes le han hecho conocer del inconsciente de ellos, lo que ha obtenido del estudio de los textos psicoanalíticos.

De hecho, ¿en torno a qué damos vueltas? Partamos de esta frase de Lacan: “Ya señalé lo que significa en mi discurso la palabra circare, dar vueltas en círculo en torno de un punto central en la medida en que algo no está resuelto”.[4]

¡Resulta que circare es la raíz latina de la palabra “buscar”, ¡chercher en francés! Circare, es “buscar”en todos los sentidos.

En esta misma lección del 26 de marzo de 1969, Lacan dibuja una serie de círculos en torno al objeto a.[5] De hecho, ésta es una topología que define el lugar del objeto a, es decir que ahí no se trata de una consistencia, sino de un agujero. Dicho de otra manera, Lacan opone el círculo al agujero, y dar la vuelta al círculo es girar en redondo. La investigación, si bien contiene este dar vueltas, no puede quedarse ahí, sin acercarse al agujero o bien tapándolo; sin arriesgarse al “hallazgo”, en francés, trou-vaille (es decir, lo que del agujero valga): la producción de un saber nuevo en una enunciación que es propia de cada uno.

Fue en su Acto de fundación donde Lacan propuso el cartel como unidad “de una elaboración en pequeño grupo”,[6] de la que, en efecto, esperaba esa producción propia de cada uno. Así, el cartel parece ser el lugar ad hoc, propio del psicoanálisis, para hacer una investigación.

Ahora surge otra interrogación: un investigador, ¿está hecho para encontrar? Picasso, por su parte, no buscaba, encontraba ¾como él mismo afirmaba¾. Era pintor, no investigador, ni psicoanalista. La relación con el hallazgo (trouvaille), incluso con la creación, dado que ésta se hace siempre a partir de lo que falta, no se puede trasponer de un dominio a otro. Lacan sostenía que su Seminario era un trabajo, hecho a partir de pequeños papelitos que iba poniendo, como un artesano, sobre un banco de trabajo de carpintero. Pero él decía que aquellos papelitos debían venir de algún lado, aunque no sabía de dónde.[7] No de su biblioteca, no de su inconsciente, no del inconsciente de los demás; probablemente de todas partes al mismo tiempo. Y, luego, está la contingencia de ese trabajo que se hace, ahí, frente a todos los que asisten a su Seminario. Este espacio tampoco es su “laboratorio”, el público no es su objeto experimental, son aquéllos ante quienes se arriesga a una elaboración, y a veces los interpela por no plantearle preguntas, por no empujarlo a producir. Se trata ¾Lacan llegó a decirlo¾ del trabajo de un analizante que sigue la exigencia de un bien decir. ¿Se trasmitió algo de esa producción? “Pasa algo que cuando salgo me deja siempre bastante perplejo para interrogar, a veces con un poco de angustia, a quienes sé que pueden decirme algo que me interese”.[8] Pero esta investigación, ¿cuándo termina? Lo dirá al final de su seminario Aún: “Después de todo, cabe que al ‘aún’ le ponga unbasta’.[9] ¡Es algo que puede ocurrir!

El espacio de la cura no es un laboratorio in vivo

Tanto Freud como Lacan insistieron en un punto: no hay teoría sin práctica, eso sería una pura disyunción.

El analizante no es un “objeto de estudio”, no es aquella “rata en el laberinto”, la unidad ratera, de la que Lacan demuestra que de ella no se espera nada más que la verificación de la hipótesis del experimentador. Este último siempre construye ese laberinto a partir de su propia lalengua.[10] La única regla que puede hacer posible el análisis es la de la asociación libre, ésta es la única consigna que se pueda formular. Se ve enseguida que el analista que se tomara por un investigador “en la cura” debería añadir algo al dispositivo, que entonces dejaría de ser analítico para convertirse en experimental ¾introduciendo el discurso del amo allí donde está el discurso del analista¾. Esto sería buscar una respuesta allí donde la verdad siempre se sustrae. La cacofonía que así se produce ya no permite escuchar nada, salvo la “experimentación” a expensas de la “experiencia”, la de la cura. Siendo la propia transferencia el principal artefacto, dado que se desplaza el acento hacia el analista.

Sostenemos que ser enseñado por un caso y transmitirlo a la comunidad analítica es distinto que producir lo que ocurre en una cura como resultado de una investigación.

Por otra parte, es bien sabido lo fecundos que fueron, tanto en Freud como en Lacan, los desplazamientos de sus objetos de estudio fuera del campo de los analizantes. Para Freud, por ejemplo, los escritos de Schreber, la obra de Leonardo da Vinci… Para Lacan, el trabajo sobre Joyce será central en lo que se refiere a su última enseñanza, y esta investigación, tomada fuera de su práctica, tendrá a su vez efectos en su forma de dirigir las curas y, evidentemente, en la nuestra.

Tanto Freud como Lacan son ejemplares a este respecto: el propósito de una investigación no es aplicar el psicoanálisis a la obra, sino extraer las consecuencias de lo que ella nos enseña.[11]

El campo de los saberes establecidos

Nuevos pequeños agujeros para viejas clavijas

El psicoanálisis no escapa al riesgo de que, una vez establecida una teoría, siempre pueda ser desmentida. Entonces, no se trata de forzar lo que pueda enseñarnos un analizante o una situación institucional para que las clavijas entren en los agujeros. Como se sabe, Lacan retoma la formulación de Charles Péguy, quien definía el estado de guerra como el tiempo en que “la clavijitas no entran más en los agujeritos” (“les petites chevilles n’allaient plus dans les petits trous”): la alternativa es pensar que, a pesar de todo, las clavijas siguen siendo las que convienen, o bien, por el contrario, que habría que hacer nuevos agujeritos para las antiguas clavijas”.[12] En ambos casos de lo que se trata es de cubrirlo todo, de “ajustarse”, algo que, como subraya Lacan, se puede hacer “con una notable eficacia mediante la más profunda imbecilidad”.[13] Hará falta todo el rigor de Lacan para saber cuestionarse uno mismo, del mismo modo que fue necesario el rigor de Freud y su rectitud intelectual para escribir el texto Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica. Allí indicaba que de lo que se trataba era de “abandonar nuestro prejuicio”, y reconocía que se producen desviaciones cuando, en relación con los pacientes, uno no se deja instruir por ellos.[14]

El valor del número

La investigación plantea la cuestión del número, elemento inevitable de la ciencia que, en su modernidad, se verifica, no mediante la repetición sino mediante la estadística. Son los Big Data los que dicen la verdad científica, allí donde el psicoanálisis busca la singularidad del caso, aquello que pueda tener, respecto a muchos otros, de paradigmático.

La rata de biblioteca

Investigar a partir de los estudios bibliográficos es distinto que establecer una bibliografía. El universitario sabe hacer esa “investigación académica” con método, está formado para hacerlo. Sabe encontrar su propio impulso en el trabajo de los demás.

Hoy día, la “comunidad virtual” hace que este campo de investigación sea infinito y los riesgos de plagio mayores.

Pero esto supone también exponerse a los riesgos de un uso de los mismos significantes puestos en un contexto de referencia distinto, lo cual conduce a un “todo está en todas partes” y confunde los conceptos psicoanalíticos en una Babel en la que ya sólo se activan las veletas que han perdido el norte. Se acaba entonces el rigor del ejercicio lógico a partir del caso en favor de la celebración del universal de los discursos, mezclados en una fraternidad científica en la que cada uno ha perdido su propia alma.

Transmitir, enseñar, dirigir una investigación ¾sobre todo en la Universidad que pudo conferir a algunos la “habilitación”, en los efectos de grupo en los que uno se cree “habilitado”¾; estos tres significantes ya no encuentran sus delimitaciones respectivas y sufren deslizamientos que los confunden.

Ayudar a formular preguntas es lo opuesto a darse uno las propias respuestas, que equivale a buscar sabiendo lo que al final se encontrará. A veces ocurre incluso que las conclusiones se redacten antes de haber llevado a cabo la investigación: ningún tiempo para comprender, el instante de ver se confunde con el momento de concluir. Basta con rellenar el “espacio”, que sin duda, en este caso, no está agujereado.

Así, ciertas investigaciones parten de un Lacan dixit, un Lacan dijo, para verificar un in facto dixit, de hecho, lo dijo. Se vuelve a encontrar al final lo que se ha puesto al comienzo, una forma de escamotear la incomodidad de la duda que puede invadir al investigador.

Otra forma de eliminar la angustia del investigador consiste en desplazarla a los útiles estadísticos que podrían decir hasta qué punto está bien fundada una investigación, y hacerlo con un plus de certeza compartida; por ejemplo, ¿sobre qué punto actúa un análisis? La investigación se desplaza al establecimiento del buen cuestionario y los resultados ya no comprometen al “investigador”, ya que es la ciencia quien da las respuestas.[15] ¡Bastaría con que cada uno subjetivara lo que esta metodología habría objetivado!

Otras contingencias de investigación

Abordar una investigación sin prejuicios, dejarse enseñar por lo que se aprende en ella, por las circunstancias, arriesgarse a la contingencia, he aquí posiciones que cuentan para una investigación en una escuela del Campo freudiano.

Nos encontramos en Madrid y cada uno de nosotros se acuerda del drama del 11-M. Aquello desembocó, en una situación de urgencia, en una invención en la que algunos psicoanalistas salieron de sus despachos, fueron allí, donde la gente sufría, y los escucharon, sin que su acto pudiera ser entendido como una devaluación. Reuniones en las que se compartían las acciones, reflexionando sobre las dificultades con las que se tropezaba, pusieron en marcha, de hecho, una investigación viva para ajustar el acto lo mejor posible.

En otro orden de ideas, quisiera detenerme en una investigación realizada con el Ministerio del Interior francés referida a criminales encarcelados. Fue una de las investigaciones organizadas por el CPCT-Paris, bajo la égida de la ECF, en la que, me parece, no renunciamos a nuestra posición de analistas, ni rebajamos el nivel de exigencia para el psicoanálisis. La describiré a grandes rasgos porque podría ser útil en otro lugar. La llevamos a cabo, en 2007, con otros colegas de la ECF ¾entre ellos Jean-Daniel Matet, que está hoy con nosotros¾ y Serge Cottet como más-uno. Empezamos respondiendo a una convocatoria del Instituto Nacional de Altos Estudios de Seguridad, que ofrecía financiar una investigación sobre la cuestión de la motivación de los criminales, cuestión que estaba en el centro de un debate judicial y, en cierto modo, de un desacuerdo político entre los Ministerios de Interior y de Justicia.

Propusimos una metodología basada en entrevistas con criminales, el análisis de contenidos de las cuales excluía todo apriorismo que pudieran perfilar por adelantado las estadísticas, la vox populi, los expertos, las fuerzas políticas, los periodistas, etc. Para nuestra sorpresa, el proyecto fue aceptado en estos términos. Lo llevamos hasta su conclusión y el informe final fue entregado dos años más tarde.

Nuestro análisis de las entrevistas ¾todas ellas grabadas con la autorización tanto de los criminales como de la autoridad penitenciaria, e íntegramente reproducidas en el informe¾ se llevó a cabo a partir de la doctrina lacaniana del pasaje al acto y su elucidación. Insistimos, entre otras cosas, en las relaciones entre la ley y la locura, en la distinción fundamental entre responsabilidad penal y responsabilidad del sujeto, restableciendo un derecho a la palabra para todos, también para el criminal.

El Informe[16] no pretendía proponer una verdad, ni decir una línea que se debiera seguir, sólo abrir preguntas a partir de nuestro no-saber sobre estos interrogantes, pero también a partir de lo que nos enseña el psicoanálisis sobre la escucha de un ser hablante. Para la redacción del Informe, se hizo de tal manera que estuviera presente la enunciación de cada uno. No lo publicamos, se puede consultar en el local de la ECF. Cada uno de nosotros pudo, a su manera, hacer saber lo que había aprendido de esta investigación y transmitirlo en el Campo freudiano y en otros lugares.

Especificidad lacaniana del Analista de la Escuela

La “especificidad” se distingue de la “especialidad”. En psicoanálisis, casi se podría decir que son antinómicas. El psicoanalista no es un especialista y, sin embargo, cada vez quiere ser más “especializado”. Hay quien se construye alguna pequeña notoriedad y le importa sostenerla. Y para hacerlo le basta con retomar siempre el mismo refrán, dándole algún aire de novedad mediante una apariencia bien estudiada.

La “especificidad” del psicoanalista es que trabaja siempre la misma pregunta, porque ésta le es singular, toca un punto de real a partir del cual nunca dejaría de investigar, de producir lo que consigue transmitir de esa investigación que lo ancla a la causa analítica.

Lo que es una pregunta para un sujeto, para un ser hablante ¾lo real que está en juego para él, más allá del fantasma¾ no es del mismo orden que hacerse el experto de un síntoma, de una afección, de una categoría clínica, etc.

El objetivo de Barthes de quedar, idealmente, desprendido de toda atadura a los saberes establecidos concierne particularmente al AE, que debe transmitir algo a partir de lo que fue la singularidad de su experiencia. Digámoslo así: en psicoanálisis, el verdadero investigador es el AE; él es quien puede sostener una enunciación a partir de sí mismo.

Añadamos que aquí, con el AE, hablamos de otra soledad. En su curso del 18 de mayo de 2011, J.-A. Miller destacaba que mientras que, en el Pase, el AE permanece confrontado a la falta en ser, en el “ultrapase”, con lo que se enfrenta es con el agujero.[17]

Esto nos remite a la soledad de los fundadores. Por supuesto a Freud, quien, como inventor del psicoanálisis, encarnó esta soledad por excelencia. Pero también a Lacan, en el momento de la creación de la EFP, cuando en su acto de fundación de la EFP escribe: “Tan solo como siempre lo he estado en mi relación con la causa analítica”. J.-A. Miller no se considera como un solitario sino como “un al menos uno que da testimonio de la propia diferencia y que no se escatima a fin de que haya otros que lo hagan. Y es justamente porque hay otros que una Escuela es posible”.[18] Sin embargo, es sobre él mismo que ha debido tomar el apoyo más sólido para la fundación de las Escuelas del Campo freudiano, y luego de la AMP.

En su curso del 10 de enero de 2007, muestra como la relación con los fundadores deja a los analistas freudianos, así como a los lacanianos, en la posición de “parásitos de soledad”.[19]

Investigación, psicoanálisis y ciencia

La investigación en psicoanálisis, ¿puede liberarse del discurso de la ciencia? Puede mantener en su punto de mira el objeto a, objeto aislado por Lacan y que va a la par del hecho de que el sujeto solo es efecto de una pérdida. Así, el “psicoanalista investigador” sólo lo es por el hecho de mantenerse al borde del agujero y, además, debe estar atento para no confundir pequeño a [petit a] con pequeño montón [petit tas[20]]*, producto del vaciamiento del agujero porque, si no va con cuidado, su producción serviría únicamente para rellenarlo.

No se dice en ningún lado, nada se opone a que el analista pueda investigar, particularmente a partir de su división, de su deseo de saber. Esto es lo que lo mantiene en la brecha.

Estaríamos inclinados, más bien, a decir que las respuestas a una investigación en psicoanálisis nunca surgen como una conclusión ¾aquel famoso “en conclusión”¾ sino que se abren a nuevas preguntas.

Guy Briole. AME, AE (2010-2013); ECF, ELP. Psicoanalista en París y Barcelona.

guybriole@gmail.com

* Texto presentado en la 1a Jornada FCPOL, La soledad y el vínculo, en Madrid el 2 de junio de 2018.

[1] Lacan, J., “D’une réforme dans son trou”, La Cause du désir:Folies dans la civilisation”, Revue de l’ECF, nº 98, mars 2018, pág. 12.
[2] Barthes, R., Comment vivre ensemble. Cours et séminaires au Collège de France (1976-1977), texto establecido, anotado y presentado por Cl. Coste, Paris, Seuil/IMEC, collection “Traces écrites”, 2002.
[3] Briole, G., “Soledades”, Freudiana, Revista de la Comunidad de Cataluña de la ELP, n° 66, Barcelona, 2012, pág. 64.
[4] Lacan, J., El Seminario, libro 16: De un Otro al otro, Buenos Aires, Paidós, 2006, pág. 225.
[5] Ibid., pág. 226.
[6] Lacan, J., “Acto de fundación”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 247.
[7] Lacan, J., El Seminario, libro 16: De otro al otro, op. cit., pág. 216.
[8] Idem.
[9] Lacan, J., El Seminario, libro 20: Aún, Buenos Aires, Paidós, 1989, pág. 176.
[10] Ibid., pág. 170.
[11] Lacan, J., “Joyce el síntoma”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 597.
[12] Lacan, J., Le Séminaire, livre IX: L’identification [1961-62], leçon du 6 décembre 1961, inédito.
[13] Idem.
[14] Freud, S., “Un caso de paranoia que contradice la teoría psicoanalítica”, Obras Completas, vol. XIV, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1984, págs. 259-72.
[15] Laurent, É., “Guérir de la psychanalyse”, Mental n° 11: “La clinique analytique à l’heure de la globalisation”, 2002, pág. 65.
[16] CPCT-Paris, Convention de recherche 07/7-INHES-CPCT: “L’évaluation psychanalytique du diagnostic et de la responsabilité des auteurs de crimes en prison”. Documento archivado y disponible en la Biblioteca de la ECF de París.
[17] Miller, J.-A., L’Un tout seul, l’Orientation lacanienne, cours du 18 mai 2011, inédito. Clase traducida y publicada como “La causa lacaniana”, Freudiana, Revista de la Comunidad de Cataluña de la ELP, nº 67, Barcelona, 2013, pág. 21.
[18] Miller, J.-A., “Teoría de Turín acerca del sujeto de la Escuela”, El Psicoanálisis, Revista de la ELP, n° 1, Madrid, 2000.
[19] Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan, Buenos Aires, Paidós, 2013, pág. 97.
[20] Lacan, J., “D’une réforme dans son trou“, op. cit, pág. 12.

* Hay homofonía en francés entre “petit a“ y petit tas. (Nota de la Edición)

 

Este artículo ha sido publicado en la revista El Psicoanálisis nº 33.