La frase del título es pronunciada en la última parte de la película franco-israelí Bar Bahar, “Entre dos mundos” en los cines españoles -en inglés In between, entremedio, sin especificar entre qué y qué. La película transcurre durante unas semanas en la vida de dos amigas, Salma y Laila, árabes de costumbres europeas y residentes en Tel Aviv, que reciben a una tercera compañera de piso, Nur, a la que desconocen, ataviada con el hiyab (pañuelo que cubre completamente el cabello y el cuello). Así que desde el principio sabemos que habrá disparidad de usos del piso, el tiempo libre, las comidas y, sobre todo, en el trato con los varones que pueden presentarse allí.

Sin embargo, a lo largo de varias secuencias en las que se muestra de dónde proviene cada una y con qué y quiénes se encuentran en la actualidad, cuáles son sus planes y cómo los intentan llevar a cabo, lo que se hace patente es que navegan como pueden entre dos discursos. Ahora bien, estos dos discursos no son la laicidad de Salma y Laila versus la religiosidad de Nur, porque ellas nos muestran las mismas dificultades y facilidades de cualquier joven que tiene que compartir piso con otras personas y convivir. Se trata de los que se sitúan por encima y por debajo de la barra, como se suele decir, el discurso que supuestamente promueve o tolera la libertad de elección de carrera, la independencia económica, la liberalidad en la elección de pareja… y el que se impone sin discusión posible, sin excepción: el valor de las mujeres como sostén de la tradición.

De Laila solo sabemos que es una abogada en ejercicio y respetada, siempre dispuesta a “pasarlo bien” y que se ilusiona con un nuevo amor con el que comparte diversos consumos de alcohol y drogas de uso festivo. Este hombre no duda en decirle que “esto no es Europa” cuando ella le pide formalizar, ser incluida en su destino familiar, después de haber fumado delante de la hermana de él.

Selma, con un proyecto en la música y con trabajos temporales, debe enfrentarse a que ama a una mujer y no duda en darlo a ver a su familia, de costumbres abiertas, occidentales pero que reacciona de forma implacable ante esta encrucijada. Eligen desterrar de la familia a Selma.

Nur parece no tener ninguna contradicción, entre sus estudios de una carrera tecnológica y su novio, muy amigo de su familia y con dinero -entre los dos pueden invocar a Dios unas doce veces en dos minutos de tiempo real. Sin embargo, ella le da largas a adelantar la boda y no puede neutralizar la actitud hostil de él cuando ve que ella disfruta viviendo con las otras dos chicas. Finalmente, tiene lugar una violación y la película toma otro ritmo, en el que “ellas se empoderan”.

Sin embargo, el final de la película, con las tres mirando desde la terraza, con una copa en la mano, hacia el interior del piso en el que se está desarrollando una fiesta, permite pensar que desde problemáticas personales distintas lo que preocupa es que el lugar de cada una está en permanente movimiento, porque no se trata de dos mundos, se trata de cómo responder a las demandas de dos discursos tan disímiles.

Incluso la situación social palestino-israelí aparece de forma muy tangencial. El conflicto brutal de la segunda mitad del siglo XX -y hasta ahora- aparece solamente una vez, al principio, en una tienda con una dependienta judía que las mira con temor mientras Selma y Laila hacen comentarios, en árabe, sobre las piezas de ropa. La secuencia termina cuando Selma le dice a la dependiente, con una sonrisa: “No mordemos”.

Ante las noticias que siempre llegan a los medios europeos de forma tan unidireccional –siempre con la amenaza de una nueva guerra-, aquí se nos da a conocer a tres mujeres viviendo o tratando de llevar su vida a base de responder o no a esos dos discursos, que no matan pero que suponen un transitar siempre en un borde peligroso cuando se trata de poner en acto el deseo: el peligro de la marginación, la segregación. Curiosamente ella ya está declarada en la tienda de ropa, pero luego la directora nos va diciendo que la segregación puede replicarse varias veces cuando se trata del deseo en una mujer.

Marzo 2019