1) En los estatutos de la Asociación Mundial de Psicoanálisis encontramos una formulación explícita y formal del objeto de la Escuela —una formulación en los términos del lenguaje del Otro, del Otro jurídico-administrativo— que voy a leerles para tomar un punto de partida:

“Artículo 2 – Objeto:
La Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) tiene por objeto promover el desarrollo del psicoanálisis en el mundo. Favorece especialmente toda acción de formación o de democratización del psicoanálisis.”

Puede parecer tal vez una acepción demasiado amplia del término “acción”. Pero está muy bien modulada por dos complementos:

  • “Acción de formación”: no hay otra formación que la que se deduce de las “formaciones del inconsciente”, cuando están orientadas por el trabajo de la transferencia.
  • “Acción de democratización del psicoanálisis”: es “para todos” pero considerados uno por uno. Es una democracia singular, que sólo funciona por la excepción que es cada uno en relación al “todos”.

En particular:

a) Vela por dar a conocer el psicoanálisis al mayor número posible de personas por medio de las acciones educativas más amplias.

Puede parecer de nuevo que el término “educativas” es muy amplio, tanto que, en efecto, sobrepasa cualquier ámbito “pedagógico”: es la educación por la transferencia distinguida de la sugestión.

b) Permite a las « Escuelas » que ha reconocido y a las que confirió la calidad de Escuela reconocida, coordinar sus actividades a nivel mundial, hace conocer sus iniciativas, las difunde ante los medios y las autoridades de salud mental.

Hay que hacer entender, en efecto, a esas autoridades el valor formativo de la experiencia analítica en cada caso, más allá de los efectos terapéuticos.

c) Impulsa en cada « Escuela » la creación de Centros de Consulta gratuitos, que ponen al alcance de todos, el tratamiento psicoanalítico. Los Centros de Consulta son animados bajo la responsabilidad de miembros voluntarios de la AMP.

Impulso, pues, de los Centros (al estilo CPCT) donde esa experiencia se ofrece a cada uno.

d) Impulsa la creación de nuevas « Escuelas » en el mundo.

e) Constituye un observatorio permanente del estado del psicoanálisis, y de la legislación que interesa a la salud mental.”

La acción lacaniana implica una acción —política, en el sentido fuerte, y en el sentido de una política del síntoma— derivada de estos observatorios que existen ya en distintos niveles de las Escuelas. Se sostiene en la causa analítica como causa de la transferencia de cada sujeto con su inconsciente. A la vez, esta acción instituye esa transferencia con el saber del inconsciente.

2) La acción lacaniana parte de un hecho que está en el fundamento de la propia historia del psicoanálisis: no hay otra institución que la institución de la transferencia.

La transferencia no es únicamente el vínculo que hace posible la experiencia analítica. La transferencia es sobre todo el vínculo de cada sujeto con el saber supuesto en el lugar del Otro, el lugar del Otro que es finalmente su inconsciente. Cada uno se dirige a una institución para hacer una demanda en la medida en que supone un saber al Otro, un saber sobre su sufrimiento, sobre si síntoma, sobre su goce. En este sentido, más allá de su forma simbólica o jurídica, cada institución puede ser considerada como un fenómeno de transferencia, como una organización significante que sabe algo del sentido del goce de la pulsión.

¿Qué es un institución sino una red transferencial, una red de transferencia tejida alrededor de un objeto? Esto es verdad no sólo para el sujeto que se dirige a la institución sino también para los sujetos que forma parte de ella. Una institución se forma y se disuelve cuando se forman o se disuelven los vínculos transferenciales entre sus miembros.

3) Con respecto a aquello que llamamos “psicoanálisis aplicado”, encontramos tantas variantes de instituciones como significantes amos hay en la realidad social, ya sea bajo la forma de un objeto de satisfacción como bajo la forma de un ideal. Ya sea en el caso de la infancia, del alimento, del tóxico, del amor, del autismo, de la enfermedad mental, se trata en cada caso para el psicoanálisis de producir una separación entre uno y otro, entre el significante amo del ideal y el objeto del goce, que nunca se adecua a ese ideal, se trata de introducir al sujeto, por medio de esta separación, a su división y a su relación con el inconsciente en la institución de la transferencia.

Digamos que hay instituciones más propicias, más favorables a esta operación de separación que otras, Y ello según la forma de la transferencia con la cual se constituye el vínculo social. Podemos hablar incluso de la transferencia como instituyente y de la transferencia como instituida, en el sentido en que los estudiosos de la institución social hablan del vínculo instituido que llega a operar una represión del vínculo instituyente. Es una diferencia que encontramos también en el primer Lacan cuando hablaba del discurso instituyente y del discurso instituido. Es una tensión que encontramos en cada vínculo institucional y que responde a una diferencia estructural en la formación del fenómeno de la transferencia.

Responde también a una diferencia, señalada por Jacques-Alain Miller y que recordé en el informa moral como presidente de la AMP en la pasada Asamblea General en Rio de Janeiro, en la constitución de las instituciones según dos modos distintos.

Existen instituciones que funcionan de una forma piramidal, top-down, desde arriba hacia abajo, donde los órdenes que vienen de arriba deben aplicarse en cada nivel inferior, en una estructura de sistemas y subsistemas. Esta forma institucional produce toda una forma de pensamiento y de acción política. Objeto y significante amo están aquí en una tensión que tiende a su identificación y ala identificación grupal conocida por los lectores de Freud en su texto “Psicología de las masas y análisis del Yo”. En esta estructura, la transferencia tiende, como sabemos, a la única función de la sugestión. La sugestión es de hecho una forma de la transferencia que hace existir al Otro completo, como un Otro del Otro que garantiza su consistencia y su completitud. La sugestión top-down es también en esta estructura una sugestión entre pares, en una suerte de supuesta transferencia de la transferencia, una transferencia elevada al segundo grado, masiva.

Y existen por otra parte las instituciones que funcionan más bien según la forma bottom-up, desde abajo hacia arriba, pero también from single to complex level, de lo más singular a lo más complejo. El resultado no es una pirámide sino una forma de red, de nudos y de espacios vacíos en la que el agujero del Otro se hace presente. La tensión entre objeto y significante amo tiende aquí a hacer aparecer su separación. En esta lógica se pude entender una formulación de Lacan que me parece siempre crucial, no sólo en el dispositivo analítico sino también cuando se trata de instituciones orientadas por el psicoanálisis y su acción social. Es una formulación que encontramos en su informe de enseñanza del Seminario sobre el acto analítico y que está hecha siguiendo la lógica de la falta del Otro: “No hay transferencia de la transferencia”1. No hay transferencia de la transferencia quiere decir que no hay otro de la transferencia que pueda decir el sentido de la transferencia, tampoco que pueda interpretarla. Se abre aquí el agujero de la falta de y en el Otro, un agujero estructural que debe localizarse en cada nivel institucional para operar con el vínculo transferencial en red.

En una institución transferencial en red no hay Otro del Otro que diga su sentido, no hay un metalenguaje de la transferencia que pueda interpretarla desde un significante amo exterior. Cuanto más se empuja la acción y la interpretación en este sentido, más se confunden transferencia y sugestión. Es el peligro, por otra parte, del discurso del psicoanalista en la acción social y en el propio seno de la institución analítica: confundirse con un supuesto metalenguaje de la transferencia que podría decir su sentido. El analista no es el metalenguaje de la transferencia, como supusieron algunos analistas postfreudianos al hacerse portadores de la verdad de la interpretación de la transferencia. Es por eso mismo que Lacan sostuvo que el verdadero agalma de la experiencia analítica, y de la institución de la transferencia, no es el analista sino el analizante.

4) Entonces, si el agalma de la red transferencial es el analizante y no el analista, analista que sólo existe como tal uno por uno y como producto posible del trabajo transferencial, ¿cómo puede ser una institución orientada por el psicoanálisis lacaniano?

Indicaré algunos rasgos:

  • Es una institución en red, bottom-up, fundada en una transferencia de trabajo según la lógica que conocemos en nuestro campo como “pratique à plusiers”, práctica entre varios. Ello quiere decir que no hay un Uno único que sea el sujeto supuesto saber sino que hay nudos diversos en los que se puede dar el encuentro con el sujeto supuesto saber, siempre por una contingencia.
  • Es una institución que no funciona a partir de la única jerarquía fundada en el saber analítico —en el gradus, como indicaba Lacan—, en una jerarquía fundada en el supuesto metalenguaje como Otro del Otro, o como transferencia de la transferencia.
  • Es una institución que funciona a partir del lugar vacío del psicoanalista como objeto, como ausencia en la estructura. Este es, por otra parte, el verdadero sentido de la estructura ausente, para rendir homenaje a Umberto Eco. Funciona a partir del analizante que ha sido y es el analista como sujeto de la experiencia de la transferencia, del analizante tomado como el agalma del proceso transferencial.
  • Los practicantes de tal institución son practicantes de la transferencia para hacer existir la institución como sujeto supuesto saber. En un lugar así no hay propiamente “la clínica psicoanalítica en la institución” sino más bien “presencia de la institución de la transferencia en la clínica”, como sugería hace algunos años el título de una Conversación clínica del ICF en Barcelona.
  • Por ello mismo, no hay tampoco “el analista en la institución” sino presencia del discurso del analista como causa de la transferencia en cada institución, de la transferencia de cada sujeto con su inconsciente, verdadero amor de todo semblante institucional.
  • Para hacer existir este discurso es necesario dejar vacío el lugar del sujeto supuesto saber. La figura del “éxtimo”, tal como es frecuente en varios lugares y dispositivos de las Escuelas de la AMP, puede ser a veces necesaria para hacer de “agente provocador” de este trabajo transferencial.

Una fórmula, pues, para terminar como guía posible para un trabajo en instituciones a partir del psicoanálisis: dejar vacío el lugar del objeto de la transferencia en la red institucional, esto es, propiciar en ella la función del sujeto supuesto saber pero sin identificarse con él.

1 Jacques Lacan, “El acto psicoanalítico. Reseña del Seminario 1967-1968”, en Reseñas de enseñanza. Manantial, Buenos Aires 1988.