MESA CLÍNICA 1: “Tratamientos del vínculo”.

Reseña de Araceli Fuentes

Los casos presentados fueron tres, a cargo de Pilar Foz (CDIAP-Barcelona), Mª Paz Rodríguez (CPCT-París) y Felicidad Hernández (CPCT-Bi-Bilbao). Coordinación: Araceli Fuentes.

Para poder estar en el vínculo con otros hay primero que poder estar sólo, es decir separado del Otro. Para estar en el vínculo es necesario tener un cuerpo, pero no todos los sujetos lo tienen. Este es el caso del paciente tratado por Mari Paz Rodríguez en el CPCT de París que cuando está sólo en la cama experimenta una sensación de no existir que asocia con una experiencia corporal horrible, son momentos difíciles en los que siente que su corazón sube hasta su cuello y los límites de su cuerpo desaparecen. La solución que había encontrado este sujeto de hacerse acompañar por una mujer había fracasado y la analista le sirve de puente para poder restaurar el vínculo roto y encontrar una nueva partenaire que tiene rasgos de la analista. Se produce una restauración del vínculo bajo transferencia. En este caso, tratado en un dispositivo gratuito y de duración limitada, se trata aquello que puede permitirle al sujeto restablecer el vínculo con el otro. Este caso nos enseña que a veces basta con reparar algo para que eso tenga efectos fundamentales para el sujeto y que hay otros aspectos que no conviene tocar porque el propio sujeto no lo toma como una dificultad, o sea que es una enseñanza frente al furor sanandi de algunas psicoterapias.

Para la paciente atendida por Felicidad Hernández, que necesita tiempo, la analista no dudará en decirle que tendrá el tiempo necesario a pesar de que la institución se caracteriza por un limitación temporal, lo que nos enseña que la institución se acomoda al caso y no a la inversa.

Para este sujeto perseguido por una voz alucinada que lleva clavada en su nuca, una voz que no cesa de exigirle e insultarla, el vínculo con el otro está roto. Durante el trabajo transferencial podrá localizar esa voz no descontada que no le permite vivir ni tener un cuerpo con el que vincularse como la voz de su amo-a. Se trata de un sujeto con un rigor y un coraje extraordinario que encuentra una analista a su altura, una analista que no la empuja y la respeta, como dirá ella misma. Una intervención afortunada de ésta le permite, sin recurrir al sentido, poder separar, de uno en uno, los elementos de un discurso que se presentaba como un conglomerado indisociable. Dos hallazgos del propio sujeto, una actividad de bricolaje y una invención espacial para localizar el desorden, le servirán para poder reanudar el vínculo laboral y “saber hacer” con su síntoma de las voces alucinadas.

El tercer caso, atendido por Pilar Foz, es el de una niña de corta edad que necesita ser asistida para poder hacer un recorrido que le permita anudar el cuerpo y la palabra, un anudamiento que no se hadado de entrada. El tratamiento sigue, paso a paso, el recorrido precario de un sujeto que pasa de hablar de sí misma a hablarle al otro, recorrido en el que podrá construirse un cuerpo. El caso nos enseña que tener un cuerpo no es algo asegurado, no es automático y que en las múltiples dificultades que pueden tener lugar en este anudamiento, el encuentro con un psicoanalista puede ser de gran ayuda.

El cuerpo y la lengua han de estar anudados para poder estar en un vínculo con el otro, un vínculo que es siempre de discurso. Las dificultades que encontramos en el vínculo se producen a partir de los diferentes modos en los que los cuerpos se dejan imprimir el lenguaje, y de sus fracasos.

Los tres tratamientos aunque realizados en instituciones diferentes atienden a la singularidad de cada uno de los sujetos, respetando sus hallazgos y consintiendo el analista en ser utilizado por cada uno de los tres como un instrumento del que servirse.

Al finalizar la mesa hubo tiempo suficiente para realizar un coloquio que resultó muy interesante y en el que las tres ponentes pudieron dar cuenta de su lugar en la transferencia con estos sujetos, del estatuto de sus hallazgos y de las diferencias entre las diferentes instituciones en las que se habían llevado a cabo los tratamientos.

MESA CLÍNICA 2: “Soledades acompañadas”

Reseña de Montserrat Puig

Los casos presentados fueron tres, a cargo de Antonio Carrero ( CPA Madrid ), Mª.Eugenia Insua ( CCF A Coruña ) y Gabriela Medin ( CPAdo Madrid). Coordinación: Monserrat Puig.

Tres mujeres, una de ellas adolescente, y tres recorridos en tres dispositivos clínicos creados y sostenidos por miembros de la ELP. A partir de estas presentaciones pudimos trabajar en la segunda mesa clínica de la mañana de la primera jornada de la FCPOL Las singularidades de estas tres mujeres y las particularidades de los dispositivos se pudieron articular en la orientación de las entrevistas de cada una.

La adolescente necesitó unos pocos encuentros para poder separarse de la angustia de su madre lo suficiente para no tener que repetir ni las peleas ni los encuentros sexuales que la apartaban de lo que desde el primer día puso sobre la mesa: sus estudios. Vimos como las particularidades de la demanda en muchos adolecentes obligaba a una estrategia para que esta chica pudiera encontrar y usar el lugar de palabra que se le ofrecía.

Una de las mujeres adultas tuvo que encontrar en su vida el límite de su estrategia para hacer con los partenaires hombres para poder consultar. Durante las entrevistas pudo desvelar que habiendo hecho suyo un ideal de época acerca de lo que debe ser una mujer contemporánea era un modo de repetición. Ello se sostenía en algunos dichos maternos que desdecía en sus actos. Un modo de acercamiento al partenaire sexual se reveló sintomático sobre una posición fantasmática. Una nueva posibilidad se abrió que deberá ponerse a prueba en su vida. Otra mujer presentaba una desorganización en su cuerpo, hasta la exclusión social, que, más allá del sentido posible que se podía encontrar en una compleja historia familiar, mostraba una imposibilidad de anudamiento de su cuerpo de un modo que le pudiera resultar vivible para vincularse con los demás. El paso por el vínculo transferencial fue necesario para que dejara caer un semblante que bajo el modo de un personaje lejos de permitirle el vínculo con los otros la degradaba y la aislaba.

La transferencia como vínculo inédito en la vida de estas tres mujeres les permitió, vía responsabilidad del sujeto, desplazarse de lo que por el síntoma se dibujaba, por la repetición, como destino.

Estas tres curas nos permitieron también constatar que el uso del dinero, el pago de las sesiones, tiene siempre una función singular en casa caso. En una mujer poder pagar sus sesiones le permitió salir del circuito de degradación en la que se encontraba. En otra la función del pago se puso en juego bajo la forma de una cesión de un goce la tenía atrapada. Las tres optaron por terminar su tratamiento en un momento en el que pudieron algunas atisbar y otras saber algo más de lo se había repetido y de lo que se había desplazado. Las tres tienen por delante poner a prueba en su vida la recomposición producida y siempre sintomática como no podía ser de otra manera.