I. LA DIFERENCIA ENTRE PSICOANÁLISIS Y PSICOTERAPIA

En el primer trimestre hice pesar sobre nosotros un recuerdo insistente, el de la diferencia entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado, aplicado, añadí, a la psicoterapia. 1 ¿No ha llegado el momento de que suelte el peso que cargué sobre sus espaldas y, créanme, también sobre la mía?

1.Un recuerdo
Enunciado de un diagnóstico
El recuerdo tuvo como motivo una coyuntura, la nuestra, dado que no me parecía que se hiciese esa diferencia, ni tan siquiera que se considerase, señalase o se estableciera. Al mismo tiempo, hay que constatar que este recuerdo de dos términos opuestos, clásicos en el psicoanálisis y más allá de él, aunque un poco en desuso, ha producido turbación, incluso sufrimiento y, como se ha escrito, un cierto sentimiento de vacilación.

Lo tuve en cuenta y muy seriamente. Por más tajantemente que lo hiciera, por más tranquilamente y apoyado en una evidencia y en todos nuestros clásicos, no había considerado ese recuerdo más que como el primer paso de un problema que había que resolver, como el enunciado de un diagnóstico.

Intenté, pues, tratarlo de la manera adecuada, que para mí no es ni a través de la institución, ni de la clasificación, ni del momento en que aparece el problema e implica el acuerdo o la dinámica entre los analistas.

El punto al que dirigí mi atención es el del psicoanálisis como práctica. Trabajé sobre él con la esperanza de encontrar una salida que, si no es la buena, al menos dé la posibilidad de aguantar durante un tiempo. Lo que aporto aquí son esas consideraciones.

Punto de capitón
Algo más tarde hablaré, sin duda, contra la noción de punto de capitón desde la nueva perspectiva que me ha surgido. Se justifica, en efecto, si tomamos distancia del punto de referencia que tan constantemente podemos adoptar en lo que denominamos, a partir de la metáfora que Lacan escogió, la ilustración del punto de capitón y que remite a un mecanismo significante totalmente preciso.

Sin embargo, lo que he cambiado, lo que he tratado de urdir es muy simple en definitiva e implica para mí precisamente algo del orden de un punto de capitón, es decir, me ha proporcionado un punto de vista que, ciertamente, si distingo bien lo que lo precedía, no poseía. No estaba orientado, tal como voy a intentar comunicar ahora de la manera más simple y dejando lo que pertenece al orden de la construcción para más tarde.

El hecho de que no se haya establecido la diferencia entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado a la psicoterapia conduce a confusiones, nos ha llevado a confusiones prácticas, al planteamiento de falsos problemas y, sobre todo, a esbozar falsas soluciones. Dicho brevemente, nos ha dirigido a un cierto número de embrollos a la hora de ubicar como corresponde lo que hacemos en la práctica. Debemos aún determinar la confusión verdaderamente importante. ¿De cuál se trata? No tanto de la confusión entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado a la psicoterapia, pues dicha confusión tiene una importancia limitada en la medida en que en ambos casos, si admitimos que se distinguen, se trata de psicoanálisis. La importante verdaderamente es la que, en nombre de la terapéutica, confunde lo que es psicoanálisis y lo que no lo es.

La cuestión fundamental
Para ser precisos, si establecemos con rigor el objetivo, no haría falta que el psicoanálisis, en su dimensión propia o en su uso, en su preocupación terapéutica, se sintiera atraído, perturbado e incluso mortificado por esta especie de cosa no psicoanalítica que se adorna con la denominación de psicoterapia. Lo que hace falta es que el psicoanálisis aplicado a la terapéutica siga siendo psicoanálisis y que se preocupe por su identidad psicoanalítica. Para fijar las ideas lo escribiré así:

a puro/ a aplicado (a la terapéutica) // o terapia

Señalo que la diferencia que he recordado entre psicoanálisis puro y psicoanálisis aplicado ha sido establecida para incidir sobre la diferencia entre los dos y la psicoterapia. Mi recuerdo tenía efectivamente como objetivo exigir mucho al psicoanálisis aplicado a la terapéutica, es decir, exigirle que sea psicoanálisis, que no deje de serlo bajo el pretexto de la terapéutica y que no se deje arrastrar a franquear ese límite, esa diferencia. Es simplemente en este punto, en la misma dirección, en el que se muestra a las claras que la cuestión esencial, la que nos estamos planteando, es la del psicoanálisis aplicado a la terapéutica: que siga siendo psicoanálisis, que sea un asunto de psicoanálisis, que sea el psicoanálisis como tal en tanto que aplicado.

Me imagino que hay un acuerdo sobre estas premisas elementales y ello supone que nos dediquemos a establecer la diferencia entre el psicoanálisis como tal, puro o aplicado, y la psicoterapia.

La psicoterapia no existe
Este tema ya se planteó hace doce años, fue objeto de un congreso con todos los requisitos y se trató de forma inmediata en diversos acontecimientos. Pero indudablemente no teníamos ante nosotros en aquel entonces la misma coyuntura que en la actualidad. Lo digo también en lo que a mí concierne, pues en ese congreso, celebrado en la ciudad de Rennes, yo mismo tomé la palabra sobre el tema “Psicoanálisis y psicoterapia”.2

Establecer esa diferencia no debería ser difícil si partimos de que la psicoterapia no existe, de que se trata de un rótulo acomodaticio que acoge a las prácticas más variadas, hasta la gimnasia. Esta no es por otra parte la más perjudicial. La gimnasia es incluso un ejercicio altamente recomendable. Es preciso que amplíe mi reflexión sobre el tema si me tomo en serio el punto al que hemos llegado, que hay más en el cuerpo que en nuestra filosofía.

Las modalidades que pueden pretender tener efectos psicoterapéuticos en cualquier caso no son nuestro problema. Las que nos crean problemas son aquellas que se mantienen próximas al análisis, que acogen la demanda de quien sufre y quiere saber, que la tratan por la palabra y la escucha y, además, como se dice, como se ha venido diciendo desde hace mucho tiempo, se inspiran en el psicoanálisis, fórmula sacramental y reglamentaria en un cierto ambiente. Si vamos hasta el fondo, existen formas que reclaman su conformidad con el psicoanálisis, y si vamos hasta el fondo del fondo, que se llaman psicoanálisis.

Un semblante del psicoanálisis
No resulta excesivo, al menos a título exploratorio, formular el problema en estos términos: el psicoanálisis ha producido, ha nutrido, ha animado a su propio semblante y a partir de ahí éste se ha desarrollado, ha transitado y vampirizado a aquel. Digo vampirizado porque podría darse a esta historia un estilo de cuento gótico a la manera de Edgar A. Poe, algo así como “El psicoanálisis y su doble”. Una vez puestas en evidencia las semejanzas, las confusiones intermitentes sobre la persona, el carácter intercambiable del original y del doble, la narración se concluiría con la substitución del original por el doble, y el primero acabaría expropiado, exiliado, desechado, eliminado.

¡No es necesario creérselo! Al leer lo que se dice y lo que se escribe entre los psicoanalistas, más allá de lo que se ve superficialmente, se constata que en ocasiones toma ese cariz de lo que he llamado expropiación del psicoanálisis.

Si se medita resulta lógico e incluso necesario que el psicoanálisis haya producido su semblante. ¿No es también lo que le ocurrió a la filosofía tal como la promovió Sócrates y que produjo su doble bajo la especie de los sofistas? Es eso lo que motiva la constante polémica platónica contra los sofistas en tanto que dobles, en tanto que semblantes de filósofo. Es una pequeña dificultad actual.

En la manera en que se ha empezado a hablar del problema del psicoanálisis y la psicoterapia, no se pretende más que ver desarrollarse a esta imaginería del original y su doble, sólo que aquí es más difícil de situar. Hay algo de eso, de gótico, de platónico en el tormento que representa para el psicoanalista la extensión creciente de la psicoterapia en su forma próxima al análisis, esa forma derivada, y que no me parece excesivo cualificar de semblante del psicoanálisis.

Se podrían realizar aquí encuestas sociológicas, pero eso no nos daría la clave de ese estancamiento ni la manera de superarlo. Es en el psicoanálisis mismo donde se encuentra el secreto de ese semblante, si es cierto que es él quien ha producido ese semblante que lo devora.

Lo pongo entre comillas. Mantengámonos serenos. Lo que hacemos aquí es una composición y lo que intento es reunir las diversas notas que podrían intentar, o que intentan efectivamente, las unas o las otras, desarrollar fragmentos y una sinfonía. Hay con que hacerla.