El idealismo de lo ideológico

Parto de una de las conclusiones que Laurent Dupont extrae del trabajo desplegado en el Taller clínico sobre la problemática trans, de la FCPOL: “La certeza del discurso ideológico quiere silenciar la posibilidad del inconsciente”.

Me pregunté, una vez más, si la posibilidad del inconsciente puede llegar a esfumarse. Esta vez la respuesta fue más rápida: solamente, si no hay nada de psicoanálisis entre los discursos que hacen el lazo social, es decir, si el discurso del psicoanálisis no está ahí para producir esa posibilidad.

El idealismo filosófico, que daría cobertura a ese discurso ideológico sobre la identidad de género, plantea un sujeto dueño de sus pensamientos, un “yo” que piensa por voluntad propia y es capaz de actuar conforme a sus ideas solo por quererlo. Un “soy lo que quiera ser” donde lo imposible se pone en tela de juicio.

La propuesta de Lacan es la de un realismo del pensamiento, un re-pensamiento, una re-consideración que permitiría darse cuenta de que, sin pasar por lo escrito (inconsciente), se trata solo de pensamientos. “Lo que está escrito, ¿se pensó? He aquí la cuestión. Cabe no poder ya decir por quién fue pensado. Y esto es, incluso, en todo lo escrito, aquello con lo que ustedes tienen que vérselas”1.

El discurso del psicoanálisis, a diferencia de los otros discursos sociales en los que lo ideológico se sostiene, es el canto – o más bien el grito- de lo imposible, único modo de dar su lugar al inconsciente como escritura de existencia de la que cada uno es sujeto.

 

Notas: 

  1. Lacan, J., Seminario 19, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 112.

 

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