La jornada clínica delicadas transiciones

Tras la declaración que hiciera Jacques Alain Miller de 2021 como “Año Trans”, la decisión de la ELP de dedicar una especial atención a esa cuestión, organizando a lo largo del año varios espacios e iniciativas de trabajo a través de la FCPOL, ha tenido un hito importante con la celebración de la Jornada Clínica sobre el tema “Delicadas Transiciones”, el pasado 3 de junio en Zaragoza.

La Jornada se ha beneficiado y ha recogido el trabajo producido en el Taller Clínico, que ha realizado 7 encuentros, entre noviembre de 2021 y mayo de 2022, en los que se ha conversado y debatido a partir de 13 casos presentados por otros tantos colegas de la ELP. El Taller fue ya una consecuencia de la elaboración realizada sobre el Anteproyecto de ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI, del Gobierno de España.

La Jornada transcurrió, tras la recepción, saludo y bienvenida a cargo de Félix Rueda, presidente de la ELP, con una conferencia a cargo de Pierre-Gilles Guéguen, miembro del Consejo de la AMP delegado para la cuestión trans y tres mesas: una mesa de debate, una mesa clínica y una tercera dedicada a los conceptos. Entre la primera y la segunda y después de la tercera, dos entrevistas con dos jóvenes, Ame y Nagore, que, habiendo tomado la decisión de realizar una transición para un cambio de sexo, pudieron tomarse el tiempo de encontrar, cada una, una solución a las dificultades que les presentaba la relación con su cuerpo, sin pasar por la hormonación y la cirugía.

La primera mesa de debate, se desarrolló, desde el minuto uno, en clave de conversación, mediante un ritmo ágil, introducido en base a preguntas formuladas por la coordinación a las diferentes participantes, que propiciaron el diálogo y el debate entre ellas.

Sonia Soriano, puso de relieve cómo, en el marco de la transición de la infancia a la adolescencia, la posibilidad de transición de un sexo a otro puede presentarse hoy, por la presencia invasiva de un lenguaje sobre la identidad de género, como primera y casi única solución para dificultades de muy diversa índole y gravedad, que se presentan en la relación del adolescente con su cuerpo.

Subrayó, como fenómeno de época, el hecho de que malestares muy fuertes se presentan, de entrada, localizados en el cuerpo, como autolesiones, como trastornos alimentarios o como dificultades con lo que se ha dado en llamar la identidad de género. Y planteó, a partir de su experiencia, el valor de la escucha, de la observación y la prudencia, por parte de los profesionales de la salud mental, que permitan dar tiempo para que cada joven encuentre la solución que le conviene, sin precipitar soluciones irreversibles. Y en este punto, puso de relieve el riesgo que corren los jóvenes que están en un proceso de reflexión y de consulta para encontrar una solución adecuada, si se cortocircuita el proceso de sintomatización del malestar por la vía del recurso al derecho.

Rosa María Rodríguez situó la importancia que ha tomado la cuestión trans en un marco que denominó transmoderno, en un tiempo en que la globalización y el desarrollo de una sociedad de mercado neoliberal pone por encima los deseos a los derechos. Señaló la importancia que ha tenido en este fenómeno el cambio operado, en las teorías queer, sobre el concepto de género, pasando de la idea de género como construcción cultural, sexista y jerárquica que actúa contra las mujeres, a la idea de identidad de género, como algo innato, interior, subjetivo y sentido, a reivindicar.

Señaló la penetración de estas teorizaciones en determinados documentos, como los principios de Yogyakarta, que pretenden influir o sustituir los marcos normativos internacionales. La definición de identidad de género que se establece en dicho documento muestra la inconsistencia de ese intento de conceptualización, donde la identidad de género sería, a la vez, una construcción cultural y algo que surge de dentro la persona, señalando que, en todo caso se podría hablar de la identificación con un género, pero no de identidad género. Subrayando el hecho de que esta idea de identidad de género promueve, en los casos de transición, la transformación del cuerpo para adecuarlo al estereotipo de género que funciona como una construcción cultural, sexista y jerárquica.

Señaló también lo equívoco de la idea de sexo asignado, en tanto el sexo no se asigna, se constata, se comprueba y llamó la atención sobre los efectos que tendría la propuesta de poner fin al registro del género y del sexo de la persona en todos los documentos. La desaparición de datos desagregados por sexo impediría cualquier valoración o evaluación acerca de la desigualdad y discriminación entre hombres y mujeres, lo que implica un ataque al núcleo de la lucha contra esa desigualdad y discriminación.

Otra de sus intervenciones apuntó al efecto de la incorporación de estas ficciones conceptuales en los textos legales. Por ejemplo, la ficción de una infancia trans, que no existe. Hay una serie de niños con dificultades, pero somos nosotros quienes los estamos haciendo trans cuando los denominamos así, o cuando la ley se preocupa de la transición, pero anula cualquier atención previa que es puesta bajo sospecha. O la ficción de la despatologización, cuando se priva a los niños o a las personas con disforia del derecho a una atención adecuada, dejando como única vía la transición, lo que implica una medicalización de por vida y en ocasiones intervenciones quirúrgicas irreversibles. O la consideración de cualquier acompañamiento, atención u orientación como una terapia de conversión.

Finalmente señaló cómo la idea de la autodefinición o identidad de género, descuida el cuidado de la subjetividad doliente y en formación en la adolescencia, y promociona una forma mercantilizada del tratamiento de la subjetividad, que desacredita toda experiencia de tratamiento o de acompañamiento, incluso por parte de la familia. Una especie de autoconsumo del yo, de la imagen, a la carta.

Paula Fraga centró sus intervenciones en el análisis jurídico del Anteproyecto de ley trans-LGTBI y de las iniciativas legislativas de las Comunidades Autónomas en este ámbito. De entrada, señaló que es falso que se precise una legislación específica para proteger los derechos de las personas trans, porque ya están enunciados, protegidos y garantizados en nuestra Constitución y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en los mismos términos que los de cualquier ser humano. Subrayó la diferencia, muy importante, entre desigualdad estructural sufrida por las mujeres y la discriminación sufrida por las personas transexuales. El trabajo entonces para una sociedad justa y equitativa será preciso ponerlo en la defensa y garantía del ejercicio efectivo de esos derechos para cualquier ser humano, independientemente del sexo, origen, religión, o cualquier otra condición o circunstancia personal.

Planteó que las leyes de identidad de género, que socaban los derechos de las mujeres y suponen un maltrato a la infancia, vienen a blindar la conceptualización que hacen del género las teorías queer, a diferencia del concepto de género establecido hasta ahora en nuestro ordenamiento jurídico, tal como refleja, por ejemplo, la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género y en otros instrumentos jurídicos normativos.

Señaló que estamos ante un cambio de paradigma legislativo a partir de ese cambio operado en el concepto jurídico de género, de manera que la nueva iniciativa legislativa confronta con el concepto jurídico de género vigente en nuestro marco jurídico, y en lugar de apuntar a abolir y erradicar los roles sexuales en tanto estereotipias culturales, sexistas y jerárquicas, promueve la proliferación de géneros, a partir de una noción de género que no puede elevarse a categoría jurídica, por no explicar sino sentimientos de la persona, que por otra parte pueden ser transitorios, o rasgos del carácter de una persona que son propuestos por esta nueva conceptualización como una identidad.

Señaló también, en el debate con las otras participantes en la mesa, la inconstitucionalidad de normas que, junto a la defensa y garantía de derechos, introducen premisas falsas que vulneran derechos básicos. Por ejemplo, que la consideración de la autodeterminación de género como un derecho implica el borrado jurídico del sexo, con las implicaciones que ya se venían señalando en el debate.

Abundó también en la idea, ya planteada por Sonia Soriano y Rosa María Rodríguez, del riesgo de medicalización y patologización de la infancia que supone el uso de determinadas tesis, que no pueden considerarse científicas como la idea de la infancia trans, en tanto viene a cerrar la posibilidad de tomar los malestares en relación al cuerpo, o los padecimientos psicológicos, o las manifestaciones de disconformidad con el propio sexo y los desajustes con estereotipos sexistas, como manifestaciones que merecen y requieren un interés y una indagación respetuosa y cuidadosa de sus causas, calificando esta opción como una acción prohibida y sancionable con multas muy importantes e inhabilitación profesional.

En otra de sus intervenciones señaló que no es buena técnica jurídica dejar conceptos jurídicos indeterminados en la elaboración de una ley, señalando, en relación al artículo 66 del Anteproyecto de Ley trans-LGTBI, la necesidad de precisar qué sería, por parte de unos padres, la negativa a respetar la identidad de género de su hija o hijo. Ya que, a tenor del actual texto, el simple cuestionamiento por parte de unos padres a que su hijo haga una rectificación registral de su sexo, o a que comience con tratamientos hormonales a una edad temprana en la que es incapaz de entender las consecuencias de dicho tratamiento, puede ser calificada como una situación de riesgo que podría suponer una amenaza a la patria potestad o a la tutela de los padres o tutores legales del menor.

También, en el intercambio del debate, Paula Fraga y las otras participantes señalaron la importancia de prestar atención a las informaciones y manifestaciones de personas que detransicionan y al hecho de que no hay ensayos clínicos fiables que avalen la prescripción de los tratamientos hormonales, tratamientos que en la infancia y adolescencia deben ser tipificados como experimentales y con efectos colaterales muy importantes.

María José Iranzo abordó el tratamiento de la cuestión trans en el medio educativo en Aragón, a partir de la normativa vigente en esta Comunidad. Señaló que el marco de la intervención educativa está orientado por la coeducación, en tanto estrategia para combatir los estereotipos sexistas, por la educación inclusiva, por la convivencia positiva, por la igualdad de género y por una orientación académica libre de rasgos sexistas. Una de las concreciones de esta orientación son los Planes de Igualdad de los Centros educativos.

Respecto a la respuesta educativa a los niños y niñas trans que existen en los centros educativos, planteó que se les debe dar una atención individualizada, atendiendo a cada caso, sin prisas. Subrayando la preocupación del profesorado por el bienestar del alumnado, sobre todo si hay un malestar que se manifiesta en los niños y niñas que están en esa transición.

La idea de los niños y niñas trans generó debate y respuestas por parte de las otras participantes, ya comentadas. También generó un debate muy rico e interesante el hecho de que, más allá de las buenas intenciones del profesorado u otros profesionales y de la preocupación por el cuidado del bienestar de los alumnos, hay textos legales, y artículos dentro de esos textos, en los que se introducen conceptos equívocos que llevan a proponer la solución transexual como la única respuesta a la gran diversidad de malestares en los que se manifiesta lo complejo de la relación con el cuerpo, especialmente en la infancia y adolescencia,.

La mesa puso de manifiesto el interés general de este debate, la dimensión del fenómeno y lo que está en juego tanto para la vida en democracia como para el futuro del psicoanálisis. A efectos de nuestro trabajo vino a ratificar lo acertado del interés de la ELP en este asunto y la correcta orientación en su abordaje.

El debate mostró que, en el plano de lo social, está en juego la presencia de un discurso que se impone como hegemónico, que promueve un modelo social trans, que hace posible la emergencia de lo transgénero en el marco de una sociedad de mercado neoliberal. Uno de cuyos resortes es el cambio operado en el concepto de género y el uso que se promueve desde ese discurso.

En el plano jurídico se observa una modificación general de la relación con la ley. Hay una serie de leyes, como por ejemplo las Constituciones de los países democráticos, que plantean unas reglas de juego universales más allá de las particularidades de cada persona, y hay una serie de leyes que entran en la dialéctica de introducir la excepción, como si las leyes universales no fueran suficientes para garantizar los derechos. Pasamos entonces de una ley universal y de considerar algunas excepciones, a que las excepciones imponen una normativa para todos. Se plantea la relación entre categorías jurídicas nuevas como el género y constituciones nacionales en las que no existe como tal, relación que pone de manifiesto una penetración muy profunda de la teoría queer en las leyes. Parecería que se pretende un cambio de las Constituciones para incluir la idea de la identidad de género.

El debate puso también de manifiesto cómo la solución transexual se empeña en desconocer que, cada vez de manera más clara, la infancia y la adolescencia hoy vienen a manifestar sus diversos, complejos y en ocasiones muy graves malestares, predominantemente a través de fenómenos en el cuerpo y que esa propuesta tiende a reducir esta diversidad y complejidad a una única dimensión, las dificultades con la llamada identidad de género.

Esta reducción y simplificación tienen consecuencias ya hoy para los niños y los jóvenes, cuando se interfiere de manera invasiva en sus diferentes transiciones: en la transición de la infancia a la adolescencia, simplificando las manifestaciones siempre diversas y la complejidad que entraña la entrada del ser humano en la sexualidad; en la transición también del ámbito de lo privado y lo familiar al de lo público y lo social.

Y tienen consecuencias también para su futuro, por los efectos y las consecuencias que puede tener la vía por la que se los anima, desde esa utopía tecnomédica que condena a los cuerpos a ser medicados de por vida, en nombre de un entusiasmo y de una exigencia de la euforia y de un cuerpo que siempre sea suficiente. Cuando realmente todos los cuerpos son equivocados, porque los cuerpos no son nunca suficientes, suficientemente estupendos, ni procuran suficiente satisfacción.

Y consecuencias también para la vida del psicoanálisis, ya que se promueve la orientación a la transición a partir de la identidad sentida, de la autodefinición, contra la vía del síntoma y de la subjetivación del malestar, salida que es literalmente borrada y prohibida. El psicoanálisis es lo contrario a un discurso de dominación, y es muy grave impedir la dimensión de la palabra en la indagación de las causas. La dimensión performativa, soy lo que digo, implica el borramiento de la dimensión de la causalidad inconsciente, de aquello por lo que cada uno, uno por uno, tiene un malestar con el cuerpo y que ocasionalmente puede tener una solución por la transición. Un borramiento de las causas que un sujeto puede tener en sus determinaciones para encontrar un lugar en el mundo. Un borramiento también de la infancia y de la responsabilidad del adulto respecto de lo que quiere trasmitir al niño. Es la paradoja de esa supuesta reivindicación de la subjetividad elevada al nivel de la exigencia.

Como señaló Enric Berenguer en el momento de conclusión, el debate desvela también que estamos ante iniciativas legislativas y movimientos sociales, culturales y económicos que promueven una utopía, con un ideal inalcanzable, que es plantear una relación entre el ser humano y su cuerpo que no fuera conflictiva. Como si verdaderamente hubiera una posibilidad de resolver definitivamente, mediante una construcción identitaria, esa dimensión desde siempre conflictiva y sujeta a una evolución compleja, que es la relación de cada persona con su cuerpo, que está siempre renovándose en los distintos momentos de su vida, necesariamente.

También el lugar de la infancia como lugar de demostración. Como si los niños fueran los encargados de demostrar esta utopía. Y de qué manera los activistas trans han encontrado en la idea de la infancia trans, la legitimidad y el fundamento de su solución particular. De tal manera que lo que han sido soluciones singulares, que nadie discute, revierten luego como normas a aplicar a la infancia. Inducir lo que ha sido una solución singular y convertirlo en norma, a partir de una modificación en el lenguaje es un asunto realmente grave.

Es mucho peso para los niños, tener que demostrar que existe una relación armónica entre el cuerpo y el ser hablante, cuando todos sabemos que eso no existe nunca. La relación del ser hablante con su cuerpo es el centro de una problemática que va adquiriendo muchas formas a lo largo de la vida, pero que no se puede pensar que se pueda resolver de una forma ideal.

Las utopías tienen siempre un efecto pernicioso, y es que algunas personas se pueden ver llamadas a convertirse en demostraciones vivientes y a poner el cuerpo para que una utopía se demuestre. Poner el cuerpo para una demostración de un discurso es algo que realmente produce efectos catastróficos, que a veces no se ven de inmediato, sino que tardan años en manifestar sus estragos. Probablemente tardaremos años en ver las consecuencias de muchas cosas que están ocurriendo ahora.

Para finalizar, Rosa María Rodríguez apeló a la responsabilidad que corresponde a los adultos, particularmente a los presentes en la Jornada, en relación al futuro de las niñas, niños y jóvenes que pueden llegar a tomar decisiones irreversibles sin tener la edad suficiente poder dimensionar sus consecuencias.

 

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