Tiempo para elaborar, espacio de palabra

La pubertad entendida como el momento en el que irrumpe un goce extraño en el cuerpo para el que el sujeto no tiene una respuesta a priori.

Momento de desorientación y de la emergencia de angustia que reclama encontrar alguna brújula que le redirija en ese momento que implica pérdidas y también separación. Pérdida del objeto y del cuerpo de la infancia. Separación de las figuras parentales y de los ideales que representan.

Estas coordenadas abren paso a un tiempo, el de la adolescencia, tiempo para comprender y elaborar; es el momento en el que el sujeto ensaya las diferentes maneras de arreglarse con ese agujero que la sexualidad abre en lo real.

En la época del declive de lo simbólico y la inexistencia del Otro, los adolescentes buscan ese saber sobre lo enigmático de la sexualidad en los otros de las redes y de internet.

Algunos de ellos localizan su malestar en la denominada “disforia de género”, acogiéndose a la respuesta que les ofrecen determinadas teorías y asociaciones, que proponen como solución a su sufrimiento y desconcierto el cambio de sexo, con la intervención en lo real del cuerpo. Solución que pasa por alto el tiempo y el espacio de palabra necesarios para el proceso adolescente, esa delicada transición que requiere y merece que se le facilite y permita un recorrido que no puede ser cercenado por respuestas inmediatas a las demandas de autodeterminación, sin que se calibre suficientemente las razones y las causas de ese malestar que se padece, así como de las consecuencias de esas soluciones tan intrusivas por momentos y algunas de ellas irreversibles.

Este empuje a transicionar es un modelo imperante hoy, que se ofrece a los adolescentes a falta de otros rituales más apropiados para ayudarles a atravesar ese trayecto hacia la edad adulta.

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