La cultura queer y trans y el sujeto del discurso del capitalista de Jacques Lacan

La pretensión autodeterminista de conformar una identidad autoconstruida es uno de los fundamentos ideológicos de la cultura queer y transgénero. La autodesignación comienza por darse un nombre propio que no le deba nada al Otro (en el sentido de la deuda simbólica). La autodesignación se hace ley.

Lacan en la conferencia pronunciada en la Universidad de Milán, el 12 de mayo de 1972, con el título “Del discurso psicoanalítico” produjo la escritura del discurso del capitalista. Jacques-Alain Miller ha aclarado como “[…] Lacan esbozó, junto a este matema del discurso del amo, el matema del discurso capitalista, modificación de aquél, donde es el sujeto tachado el que se instala en el lugar de este S1.”1 En el Seminario 18, Lacan expresa que el “[…] arreglo entre el goce y el semblante que se presenta como castración […] se muestra, de alguna manera, inepto.”2 Esto es así por estructura, ya que el intento de capturar el goce en la palabra siempre produce un resto. Pero la castración tiene un tratamiento diferente en el discurso del capitalista. El discurso del capitalista, al contrario que el discurso del amo (que es también el del inconsciente), se basa en el rechazo de la castración. El sujeto antideterminista del discurso capitalista se postula pretendiendo dirigir sus propias identificaciones, por eso la ideología queer le viene como anillo al dedo. Se trata de un sujeto que pretende decidir todo, sin deberle nada al Otro.

Miller aclara que, en el discurso del capitalista, con esta escritura, “[…] no se trata tanto de una promoción de la histeria como de la promoción del sujeto sin punto de referencia.”3

El sujeto “sin punto de referencia” sueña, entonces, con poder comandar sus propias determinaciones, sus S1

En esta lógica, su aspiración más radical es la de poder decidir y elegir todo sin limitaciones y abolir cualquier determinismo, incluido el sexual. Se trata de un rechazo radical, en la línea de la ideología queer, a ser encasillado en cualquier categoría. Este rechazo va acompañado del deseo del sujeto de autodesignarse, al margen de cualquier definición establecida. Esto supone el intento de abolición del límite de la imposibilidad. Un hombre trans puede ser el padre de los hijos a los que da a luz4. O, como ha reflejado Éric Laurent: “Muchos apuntan a la diversidad de situaciones trans, especialmente entre sujetos que se consideran no binarios. Un paciente de MtF dice: ‘Soy una mujer y tengo un pene. Por tanto, es el pene de una mujer’. Quiere utilizarlo en sus relaciones sexuales […]”5

El sujeto “sin punto de referencia” se constituye en sujeto de derecho. Aspira a autogenerar su identidad sexual, incluso de modo variable y cambiante, en base al uso performativo de los semblantes. Este sujeto ignora que el sujeto del derecho no es el sujeto del inconsciente. También ignora que la disforia (entendida como la inadecuación del cuerpo y el goce) forma parte de nuestra misma humanidad y es imposible de eliminar. Por eso el “tránsito” puede resultar fallido. Y más fallido cuanto mayor sea la promesa de solución total.

 

Notas:

  1. Miller, Jacques-Alain: “Intuiciones Milanesas II”, Cuadernos de Psicoanálisis, 29, p. 41.
  2. Lacan, Jacques: El Seminario, libro 18, De un discurso que no fuera del semblante (1971), Buenos Aires, Paidós, 2009, p. 154.
  3. Miller, Jacques-Alain: op. cit., p. 41.
  4. Fernández Blanco, Manuel: “Cuando mi padre estaba embarazado de mí…” 
  5. Laurent, Éric: “Edad de la razón, ¿edad de inclusión?”
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