Enigmático trans

El no conformismo entre el sexo atribuido a un sujeto y el sentimiento respecto al mismo está ya registrado desde la antigüedad. Hipócrates informó de la existencia de “invertidos” entre los escitas, se vestían como mujeres, se comportaban como mujeres y realizaban tareas de mujeres. Existía la creencia de que fueron feminizados mediante intervención divina. Estudios antropológicos hallaron que en algunos pueblos de la antigüedad encontrarse a caballo entre los sexos no constituía una desgracia, sino un privilegio relacionado con poderes sobrenaturales y funciones sacerdotales. Ya más reciente, hay descripciones de pacientes en el siglo XVIII en manicomios que relataban ser o sentirse del otro sexo, en el siglo XIX Esquirol y Seuret registran testimonios de pacientes que se vestían y comportaban como del otro sexo. Kraff-Ebing a principios del siglo XX había descrito un caso en su “Psicopathia sexuallis” y en 1930 se publicó el caso de Einar Wegener, pintor danés que se sometió a una intervención múltiple en Dresde dirigida por Hirsfeld para transformar su cuerpo en femenino. Hirsfeld trató a muchos pacientes en Berlín y Harry Benjamin endocrinólogo trabajó con él y se trasladó después a NY donde desarrolló el tratamiento. No se trata de hacer una historia del transexualismo, ni siquiera una aproximación, pero no es un asunto nuevo la transexualidad, lo nuevo es el fenómeno transgénero.

Desde los años setenta las demandas de cambio de sexo han ido aumentando progresivamente, la circulación del discurso de la ciencia en la vida de los sujetos. La pregnancia cada vez más potente del ideal de autonomía del yo, los estudios de género, lo queer, los feminismos, la oferta de imágenes en internet, la decadencia de lo simbólico y otros factores han colaborado en situar el transgénero en el centro del malestar de la civilización. Un malestar que va unido al ser hablante, el sexo es el malestar en cada hablante, Lacan lo denominó goce, y es ese goce lo que no encuentra un buen acomodo ya que el sexo no tiene un goce que le correspondería, que sería el adecuado. El goce es asexuado para el hablante, ligado a la palabra, por lo tanto, cambiar de género o de sexo para acomodarlo al goce no va a surtir tal efecto, no hay relación sexual posible. Tampoco el objeto de deseo cambia con el cambio de género.

“¿Qué se siente al ser mujer, después de tantos años de ser hombre? No puedo responder sinceramente a esta pregunta familiar. (…) Nadie sabe realmente lo que siente otro: cualquiera puede creer que tiene sentimientos de mujer, o de hombre, pero en realidad tal vez sean simplemente sentimientos que sólo pertenecen a sí mismo.”1

Estas frases son de Jan Morris periodista inglés transexual femenino, que escribió su autobiografía tras su cambio y que fue publicada en 1974 con el título “El Enigma”. Es un texto muy bonito, profundo y clínicamente exquisito. He elegido esas frases del final de su libro porque señalan un punto crucial de la llamada identidad sexual o identidad de género y aunque no dice haber leído a Lacan se cuestiona que eso que siente corresponda a un sexo determinado y apunta después de su “transito” a que es tal vez algo que no pertenece a un sexo sino a “sí mismo” a lo más singular.

Lacan hacia el final de su enseñanza formula el inconsciente como real e introduce el cuerpo como cuerpo de goce, goce singular que no tiene que ver con ninguna identidad sexual, es el goce pulsional singular, es el goce que se puede cernir al final de un análisis, goce que afecta al cuerpo, enganchado a una palabra que fue la que marcó de forma traumática en los albores de cada vida, sin ninguna relación a un género o sexo, pulsión ciega que exige satisfacción constante.

En un análisis se hace un tránsito, se entra como hombre o mujer y se sale identificado cada uno a su goce singular, ni masculino ni femenino, tantos goces como hablantes, tantos sexos como hablantes, como descubrió Jan Morris al final de su tránsito.

 

Nota:

  1. Morris, Jan. El enigma. Ed. Grijalbo. 1974. Pág. 229.

Bibliografía:

  • Brecher, E.M. Investigadores del sexo. Ed. Grijalbo. 1973.
  • Lacan, J. Seminario 20. Paidós.
  • Lacan, J. Seminario 23. Paidós.
  • Nieto, J-A. Cultura y sociedad en las prácticas sexuales. Máster en sexualidad humana. UNED.

 

 

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