¿Escuelas con policías Trans?

En su texto “Nombres y cuerpos. Política clínica” de Eric Berenguer, publicado en Zadig el 20-5-21, leí que la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía había diseñado una circular, una especie de protocolo para el profesorado, en relación al tema Trans. Como me sorprendió mucho su contenido, según lo explicaba E. Berenguer, fui a buscar esa circular y en el punto 2 encontré esto:

“2. Cuando el tutor o tutora de un grupo, o cualquier miembro del equipo educativo del centro, observe en un alumno o una alumna menor de edad de manera reiterada y prolongada la presencia de conductas que manifiesten una identidad de género no coincidente con el sexo asignado al nacer, lo comunicará al equipo directivo del centro, el cual propondrá a la familia o representantes legales una entrevista con el profesorado que ejerce la tutoría, a la que podrá asistir el profesional de la orientación educativa en el centro, en la que se informará de los hechos observados, los recursos existentes en el ámbito educativo y externos al mismo, y la posibilidad de iniciar un proceso para identificar las necesidades educativas y determinar las posibles actuaciones a desarrollar en el centro, con el consentimiento expreso de la familia o representantes legales del alumno o alumna.”

Me surgen muchas preguntas, a borbotones, al leer esto. Se reúnen los padres, el tutor y el orientador para hablar de “los hechos observados”… ¿Y el niño o adolescente? ¿En qué lugar queda? ¿Qué valor se le da a su palabra? ¿Son los adultos circundantes los que “deciden” que sus conductas no coincidentes con el género que le tocó al nacer son un problema? ¿Problema para quién? ¿Pensamos que la infancia y luego, la adolescencia son tiempos de certezas? ¿ o de preguntas y cuestionamientos, que llevan a una construcción del cuerpo, de la personalidad, del lazo a los otros, algo que nunca se da por acabado en un sujeto pero mucho menos en los tiempos de la infancia?

Por otra parte, según la circular, esto llevaría a la posibilidad de iniciar un proceso para identificar las necesidades educativas. ¿Qué entendemos por necesidades educativas? ¿Estas cambian si un niño o adolescente tuviese conductas que no corresponden- según los adultos que lo rodean- a su género biológico? ¿Se está pensando en colocar la etiqueta TRANS en el mundo educativo, detrás de las de TDAH, TEL, TEA…? ¿Se está pensando que los niños o adolescentes que se sospecha puedan ser Trans deben estudiar otros contenidos, con otras metodologías, con adaptaciones curriculares? ¿No será que estamos asistiendo a un vaciamiento de la Educación que deja a los niños huérfanos de contenidos culturales en pro de atender, supuestamente, a sus necesidades emocionales?

Mi propuesta es que desde las escuelas dejemos a los niños ser niños, entendiendo la niñez y la adolescencia como tiempos de construcción, durante los cuales se les permita interrogarse todo lo que necesiten, sin empujarlos a certezas innecesarias e intrusivas. Y que desde las escuelas, los esfuerzos se centren en abonar los contenidos culturales que les vamos a transmitir, porque estudiar y saber sobre ciencias, historia, geografía, matemáticas, lenguas, filosofía, etc, les darán a los niños y adolescentes elementos fundamentales para construir su propia historia , para definir sus intereses y para construirse unas identidades corporales, sociales, vocacionales, y también, sexuales. ¡Ah!, y también propongo que dejemos a los maestros ser maestros, cumplir con su función, que es la de enseñar y contagiar un deseo de saber, y no, la de vigilar.

 

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